Guardo una colección de decepciones: grandes, pequeñas, esperadas, imprevisibles...y no las cambio por nada. Cada una de ellas fue una lección de la que aprendí. Guardo sueños que nunca se cumplirán. Tampoco los devuelvo; nacieron de esperanzas para algo nuevo y mejor. Las lágrimas que inundaron océanos, fueron antes montañas de sonrisas.
El sabor del primer beso que dí, las suaves caricias, el abrazo más tierno, no los borró el último reencuentro para el adíos.
Guardo un collar hecho con todas sus palabras, pintado con todos los colores que ví en sus ojos para adornar mi pecho en días en que su ausencia me asalta y me lastima.
Son solo sentimientos guardados, a la espera de un dueño que, ya sé, nunca encontraré. Sentimientos que mojan mis zapatos viejos, calados por el agua de una noche grís.
Y a pesar de todo, nunca fui tan feliz.


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