viernes, marzo 21, 2008

Robaron las más bellas!!


Uno de los grandes factores de orgullo nacional de Islandia es la belleza de sus mujeres. De genética predominantemente nórdico germana y anglo celta. Islandia fue fundada por marinos vikingos los cuales, tras una de sus tantas expediciones, descubr ieron una isla inhabitada con mucho potencial.
Tras crear las primeras estructuras y puertos en la isla, comenzaron las primeras invasiones a las Islas Británicas. Varios grupos de vikingos se enfocaron en la zona del norte y centro de Irlanda, donde, y según cuenta la leyenda, el único motivo por el que invadieron la isla fue para robar a las mujeres hermosas y así poblar su nueva patria. Bromas van y bromas vienen a lo largo de los siglos, uno de los mayores mito s de los islandeses es que las mujeres son muy bellas porque cuando sus antepasados fueron de "shopping" a Irlanda se llevaron a todas las guapas, e incluso fueron muy selectivos.
La ciencia lo ha confirmado. Efectivamente fueron a robar a las mujeres, y además fueron muy selectivos. Tras un exhaustivo análisis la empresa Islandesa de CODE Genetics llegó a la conclusión que las características genéticas de los primeros pobladores de la isla eran tales que hombres de origen nórdico -es decir los vikingos- conformaban entre un 85-95% de la población masculina; mientras que las mujeres de origen celta - es decir las que robaron de Irlanda- conformaban entre un 75-85% de la población femenina.

domingo, marzo 09, 2008

Hoy toca: jaulas



¿Cómo será ver el mundo desde una jaula?

Con la inocencia propia de la niñez, aquella mañana de primavera, mirando la celda del inocente canario me hice por primera vez esta pregunta.
Entendí que aquel pájaro no cometió delito alguno, fue su canto, su trinar lo que había sellado desde el principio su destino. No tendría mas mundo que la prisión que lo albergaba.
-Descubrí la naturaleza cínica de los hombres.
Hoy, tantos años después, con más de 20 pájaros cantarines en sus jaulas adornando mi lugar de trabajo, la misma pregunta retumba a menudo en mi cabeza. Entre sonidos de bellos trinos enjaulados y la voz infantil con su interrogante, transcurren mis días.
-No le debería dar demasiada importancia; debe ser la monotonía de mi trabajo y el sonido de tanto trino, que me hace divagar...
Descubrí los primeros esbozos del concepto " injusticia", viéndola, apreciándola en aquel pájaro que desconocía la verdadera naturaleza de su desgracia. Nada sabía él de eso e incansablemente regalaba a sus carceleros los dulces sonidos de su canto. Nunca supo que sus alas eran para volar.
Con el paso del tiempo y con mi mente contaminada por iniquidades, voy aceptando que las cosas son como son.
-El cinismo es sólo atributo de la humanidad.
Las doradas jaulas, los encierros, la esclavitud es todo lo que conocen los enjaulados y liberarlos, con sus instintos de supervivencia soterrados, sería entregarlos a una muerte segura.
-Al hombre puede sucederle lo mismo.
Pienso en mi misma, recorriendo mi propia vida, y me sobrecoge el espanto que me produjo aquel primer avistamiento de la crueldad, y en cómo esas primeras sensaciones fueron perdiendo fuerza a medida que las ví repetirse. Soy consciente de mi insensibilidad como defensa ante lo inevitable.
Por donde miro observo jaulas. Hombres, mujeres, niños. Nadie queda fuera.
¿Qué sería de nosotros sin nuestras jaulas?. ¿A cuánto dolor emocional estaríamos expuestos?
Tal vez nunca debimos dejar de formar parte de la manida vida en la selva. Allí todo es armonía, en perfecto balance, constante tragedia de la vida pero cada uno de los elementos que la componen son parte fundamental. Hasta el último de los insectos cumple su rol para asegurar que el andamiaje del ecosistema se mantenga en pie.
No pasa lo mismo en el mundo impasible que hemos creado, donde a menudo hay quienes vapulean gratuitamente y sin piedad, para conseguir simplemente como recompensa la satisfacción del sadismo.

-Y el mundo sigue, con su giro permanente, actuando poco o nada ante las injusticias.


Jaulas. Los barrotes están ahí, nos hacemos verdaderos expertos en construirlos. La incapacidad para actuar ante el dolor ajeno nos impide reconocerlo. Pero están ahí.