domingo, agosto 24, 2008

El eclipse

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Arístoteles. Recordó que para ese día se espera un eclipse total de sol. Y dispuso, en el màs íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

_ Si me matáis_ les dijo_ puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios ( brillante sobre la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónoms de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.



El eclipse y otros cuentos . Editado por Alianza Cien

viernes, marzo 21, 2008

Robaron las más bellas!!


Uno de los grandes factores de orgullo nacional de Islandia es la belleza de sus mujeres. De genética predominantemente nórdico germana y anglo celta. Islandia fue fundada por marinos vikingos los cuales, tras una de sus tantas expediciones, descubr ieron una isla inhabitada con mucho potencial.
Tras crear las primeras estructuras y puertos en la isla, comenzaron las primeras invasiones a las Islas Británicas. Varios grupos de vikingos se enfocaron en la zona del norte y centro de Irlanda, donde, y según cuenta la leyenda, el único motivo por el que invadieron la isla fue para robar a las mujeres hermosas y así poblar su nueva patria. Bromas van y bromas vienen a lo largo de los siglos, uno de los mayores mito s de los islandeses es que las mujeres son muy bellas porque cuando sus antepasados fueron de "shopping" a Irlanda se llevaron a todas las guapas, e incluso fueron muy selectivos.
La ciencia lo ha confirmado. Efectivamente fueron a robar a las mujeres, y además fueron muy selectivos. Tras un exhaustivo análisis la empresa Islandesa de CODE Genetics llegó a la conclusión que las características genéticas de los primeros pobladores de la isla eran tales que hombres de origen nórdico -es decir los vikingos- conformaban entre un 85-95% de la población masculina; mientras que las mujeres de origen celta - es decir las que robaron de Irlanda- conformaban entre un 75-85% de la población femenina.

domingo, marzo 09, 2008

Hoy toca: jaulas



¿Cómo será ver el mundo desde una jaula?

Con la inocencia propia de la niñez, aquella mañana de primavera, mirando la celda del inocente canario me hice por primera vez esta pregunta.
Entendí que aquel pájaro no cometió delito alguno, fue su canto, su trinar lo que había sellado desde el principio su destino. No tendría mas mundo que la prisión que lo albergaba.
-Descubrí la naturaleza cínica de los hombres.
Hoy, tantos años después, con más de 20 pájaros cantarines en sus jaulas adornando mi lugar de trabajo, la misma pregunta retumba a menudo en mi cabeza. Entre sonidos de bellos trinos enjaulados y la voz infantil con su interrogante, transcurren mis días.
-No le debería dar demasiada importancia; debe ser la monotonía de mi trabajo y el sonido de tanto trino, que me hace divagar...
Descubrí los primeros esbozos del concepto " injusticia", viéndola, apreciándola en aquel pájaro que desconocía la verdadera naturaleza de su desgracia. Nada sabía él de eso e incansablemente regalaba a sus carceleros los dulces sonidos de su canto. Nunca supo que sus alas eran para volar.
Con el paso del tiempo y con mi mente contaminada por iniquidades, voy aceptando que las cosas son como son.
-El cinismo es sólo atributo de la humanidad.
Las doradas jaulas, los encierros, la esclavitud es todo lo que conocen los enjaulados y liberarlos, con sus instintos de supervivencia soterrados, sería entregarlos a una muerte segura.
-Al hombre puede sucederle lo mismo.
Pienso en mi misma, recorriendo mi propia vida, y me sobrecoge el espanto que me produjo aquel primer avistamiento de la crueldad, y en cómo esas primeras sensaciones fueron perdiendo fuerza a medida que las ví repetirse. Soy consciente de mi insensibilidad como defensa ante lo inevitable.
Por donde miro observo jaulas. Hombres, mujeres, niños. Nadie queda fuera.
¿Qué sería de nosotros sin nuestras jaulas?. ¿A cuánto dolor emocional estaríamos expuestos?
Tal vez nunca debimos dejar de formar parte de la manida vida en la selva. Allí todo es armonía, en perfecto balance, constante tragedia de la vida pero cada uno de los elementos que la componen son parte fundamental. Hasta el último de los insectos cumple su rol para asegurar que el andamiaje del ecosistema se mantenga en pie.
No pasa lo mismo en el mundo impasible que hemos creado, donde a menudo hay quienes vapulean gratuitamente y sin piedad, para conseguir simplemente como recompensa la satisfacción del sadismo.

-Y el mundo sigue, con su giro permanente, actuando poco o nada ante las injusticias.


Jaulas. Los barrotes están ahí, nos hacemos verdaderos expertos en construirlos. La incapacidad para actuar ante el dolor ajeno nos impide reconocerlo. Pero están ahí.

martes, febrero 19, 2008



Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga a vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.


Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.


Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.


Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.


Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.


Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.


Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.


Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.


Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el hecho de respirar.


Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.




Neruda.

Sonrío, porque estas palabras reafirman que no lo estoy haciendo tan mal .